Salud Mental

Meditación México - Salud mental

10 de octubre, Día Mundial de la Salud Mental

De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud:

“La salud mental se define como un estado de bienestar en el cual el individuo es consciente de sus propias capacidades, puede afrontar las tensiones normales de la vida, puede trabajar de forma productiva y fructífera y es capaz de hacer una contribución a su comunidad”.

Las alteraciones del pensamiento, la percepción, las emociones, la conducta y las relaciones con los demás, afectan nuestra salud mental. Entre ellos se incluyen la depresión, el trastorno afectivo bipolar, la esquizofrenia y otras psicosis, la demencia, las discapacidades intelectuales y los trastornos del desarrollo (como el autismo), entre otros.

La depresión es el trastorno mental que más afecta a la población y es, además, una de las principales causas de discapacidad en el mundo. Aunque es una enfermedad tratable, seis de cada diez personas que la padecen en América Latina y el Caribe, no buscan o no reciben el tratamiento que necesitan. La proporción de personas enfermas que no reciben atención alcanza entre el 60 y el 65%.

La falta de servicios apropiados, de profesionales de la salud capacitados especialmente en la Atención Primaria, y el estigma social asociado a los trastornos mentales son algunas de la barreras para el acceso a una atención adecuada.

Dependiendo del contexto local, algunas personas y grupos sociales pueden correr un riesgo significativamente mayor de sufrir problemas de salud mental. Entre estos grupos vulnerables se encuentran (aunque no siempre) miembros de las familias que viven en la pobreza, las personas con problemas de salud crónicos, los niños expuestos al maltrato o al abandono, los adolescentes expuestos por vez primera al abuso de sustancias, los grupos minoritarios, las poblaciones indígenas, las personas de la tercera edad, las personas sometidas a discriminaciones y violaciones de los derechos humanos como la comunidad LGBT+, personas expuestas a desastres naturales, a conflictos, presos  u otras emergencias humanitarias.

Pero no vayamos tan lejos, también la salud mental se puede ver afectada por el trabajo, un entorno laboral negativo puede causar problemas físicos y psíquicos. El acoso, la intimidación en el trabajo, bajo nivel de apoyo a los empleados, falta de claridad en objetivos y/o áreas, horarios de trabajo rígidos, riesgos, carga de trabajo permanentemente elevada, etc. son problemas frecuentes que pueden tener considerables efectos negativos en el aumento de estrés y ansiedad. Las organizaciones pueden aplicar muchas medidas eficaces para promover la salud mental en el lugar de trabajo y aumentar con ello la productividad.

También para nuestros niños y jóvenes: cambio de colegio o de hogar, entrada en la universidad o en el mundo laboral, uso día y noche de las redes sociales y sus impactos emocionales, puede ser causa de mucho estrés o aprensión. En algunos casos, si no se reconocen y controlan, estos sentimientos pueden causar enfermedades mentales.

¿Quién puede presentar trastornos mentales?

Todos. Los determinantes de la salud mental y de los trastornos mentales incluyen no solo características individuales tales como la capacidad para gestionar nuestros pensamientos, emociones, comportamientos e interacciones con los demás, sino también factores sociales, culturales, económicos, políticos y ambientales, como las políticas nacionales, la protección social, el nivel de vida, las condiciones laborales o los apoyos sociales de la comunidad.

Otros factores que pueden causar trastornos mentales son el estrés, la herencia genética, la alimentación, las infecciones perinatales y la exposición a riesgos ambientales.

Los sistemas de salud todavía no han dado una respuesta adecuada a la carga de trastornos mentales, en los países de ingresos bajos y medios, entre un 76% y un 85% de las personas con trastornos mentales graves no recibe tratamiento; y en los países de ingresos elevados, entre un 35% y un 50%.

Además de la ayuda que prestan los servicios de salud, las personas que presentan enfermedades mentales necesitan apoyo y atención social. En algunos casos, pueden  necesitar que se les ayude a participar en programas educativos, así como a encontrar un empleo y una vivienda que les permitan vivir y mantenerse activos en su entorno social.

Cada 10 de octubre, en todo el planeta se celebra el Día Mundial de la Salud Mental para crear conciencia sobre su importancia, sensibilizar a la población y a los gobiernos, e impulsar estrategias para la adecuada detección y atención.

La salud mental se atiende de manera multidisciplinaria, se manifiesta de muchas formas y en diferentes niveles, no la descuides.

 

Fuentes:

Organización Mundial de la Salud

Pan American Health Organization

GOBMX

Offline - social media detox

Regálate un digital/social media detox

¡ES EL DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER!

Excelente oportunidad para hacer homenaje a todas las mujeres de la historia que han luchado antes que nosotras. Todas tenemos mucho por hacer, todavía.

Actualmente, como mujeres fuertes, independientes, inteligentes, inquietas, amorosas y locas de atar, debemos estar enfocadas. No sé ustedes, pero a mí me cuesta mucho. Algo de lo que quiero escribir hoy, es sobre el tiempo que dedicamos a estar online en nuestras vidas.

Mucho de nuestro crecimiento ha sido gracias a la tecnología y como todo en la vida, siempre tiene dos lados. Debemos ser conscientes cuándo es una herramienta que propicia crecimiento, y cuándo puede convertirse en “un dolor de cabeza” (literal en muchos casos).

Te ha pasado que sientes que te vibra la pierna, la pompa, la bolsa o donde guardes tu teléfono, cuando no es así (vibración fantasma); estás viendo una peli y te pierdes la escena porque sonó tu campanita de notificaciones, ¡algo llegó!; al llegar a cualquier sitio, antes de sentarte sacas tu teléfono; o peor aún, ya lo traes en la mano porque ¡no lo has soltado!; vas en el transporte, o peor manejando, checando tu Whatsapp, Twitter o Facebook; en el trabajo o tu casa posponiendo tareas, porque estás metidísima con el Instagram o Snapchat;  dando el avión a tu pareja o familia, porque estás actualizando tu perfil o escribiendo en un chat… A mí me han pasado varias, y otras tantas las he escuchado montones de veces en consulta… Si te ha pasado algo de esto o todo, ha llegado el momento de observar cómo y cuánto estás viviendo online, y cuándo y cuánto estás viviendo en la vida real, en tu momento presente.

Ya tiene varios años que los términos digital detox, social media break, going offline, unplugged, y otros, suenan por ahí para hacer mención a una desintoxicación digital y/o de redes sociales.

El Diccionario de Oxford define “digital detox: a period of time during which a person refrains from using electronic devices such as smartphones or computers, regarded as an opportunity to reduce stress or focus on social interaction in the physical world”… Traducimos con Google: “período de tiempo durante el cual una persona se abstiene de usar dispositivos electrónicos como teléfonos inteligentes o computadoras, lo que se considera una oportunidad para reducir el estrés o centrarse en la interacción social en el mundo físico”.

En mi caso, no soy de las personas que están súper conectadas todo el tiempo, pero el año pasado, por motivos familiares, de salud y hasta económicos, empecé a reducir mi tiempo de conexión a Internet, uso de laptop y smartphone. No soy una experta en estos temas, de hecho todo esto empezó porque no me pagaron completo en una escuela donde trabajé, se enfermó mi hija, se complicaron otras cosas, ya saben, todo se junta; el caso es que no pude seguir pagando mi plan del celular, después mi servicio de cable (con internet), luego se descompuso mi teléfono, en fin ¡nos vino el desconecte total!… O el universo me habló muy fuerte.

Me acuerdo de la ansiedad que me entró los primeros días sin Whatsapp ¡horrible! La preocupación por la falta de conexión para el trabajo y otros pendientes. Los hijos adolescentes,  bueno… ya se imaginarán cómo estaban sin WiFi. También vino el sismo del 19 de septiembre (que no entraré en detalle), fue otro parte aguas emocional, individual y como mexicanos. Seguro a todos nos hizo replantearnos varios puntos en nuestras vidas.

En fin, lo que empezó con un “desconecte” forzado, cada día que pasaba entendía lo inmersos que estamos en nuestras pantallas, y el proceso se fue volviendo día con día un periodo de “reconecte” personal y familiar, una etapa de descanso y calma mental que tenía un buen rato sin experimentar. Con el paso de las semanas y meses se fue ajustando poco a poco el tiempo y la forma de volver a usar los dispositivos, y hasta el día de hoy, volver a usar las redes sociales. Por cierto, ¡mil disculpas por no contestar los mensajes! Ahora entenderán qué pasaba de este lado. Empezaré a checar y contestar, lo prometo.

Estoy muy agradecida y súper contenta con mi experiencia offline, así que decidí compartirla este día.

Si como madres, hijas, esposas, novias, profesionistas, estudiantes, mujeres, podemos identificar el día de hoy conductas que compartimos, algunos factores que disparan nuestra ansiedad, suben nuestros niveles de estrés y podemos hacer algo al respecto para recuperar un poco de la paz mental y tranquilidad emocional que tanto nos hace falta ¡hagámoslo! Regalémonos unos días, horas o minutos (lo que sea es bueno) de desconecte digital y volvamos a mirar hacia nuestro interior, nuestra familia, pareja y círculo cercano.

¿Por qué reducir este tiempo de conectividad? No vamos a satanizar la tecnología, al contrario, tenemos que aprovechar y promover la investigación, el conocimiento, las ciencias, técnicas, habilidades y destrezas en nuestro desarrollo como seres humanos.

Nos encanta reirnos con los videos de Youtube, los memes, nos alegra ver fotos de cómo han crecido los hijos de nuestras amigas, y mucho más. ¿Qué pasa con todo eso? Pues esas risas y alegría hay que conservarlas, definitivamente esos minutos son oro.

estrés y ansiedad por redes socialesLo que se nos escapa, y es donde hay que prestar atención, es en el tiempo que ocupamos mirando el celular, normalmente son aplicaciones con un feed interminable. La mayoría de notificaciones  no tiene nada nos interese realmente, nos conecte o beneficie de forma alguna, es simplemente ruido. Este ruido también nos contamina y es perjudicial. De forma directa, por ejemplo, cuando ves decenas o cientos de imágenes diarias de mujeres con la ropa “de moda”, el cuerpo “perfecto”, el estilo de vida “de ensueño”, hasta formas de pensar que no son nuestras, “tendencias” infinitas. ¿Qué se nos cruza por la cabeza? En muchas ocasiones, podemos sentir un bajón emocional, se van creando vacíos, sensaciones de que “eso te hace falta”, “lo necesitas”, “estás fallando”, y muchas otras. También, vienen los impactos emocionales con las noticias de personas de las que es más saludable no saber más, el ejemplo de los ex. La imaginación desbordada donde aparece el novio, marido, las amigas, etc., explosiones de celos por todos lados. Los comentarios ofensivos de otras personas, o malentendidos.

En algunos casos, situaciones positivas que en circunstancias saludables generan alegría, en etapas de alto estrés, ansiedad, depresión, o baja autoestima, pueden generar un impacto emocional negativo que se repite consecutivamente, y sin darte cuenta, entras a en una espiral de la cual es difícil salir. Tenemos una infinidad de detonantes diarios: imágenes de parejas (cuando estás soltera o no estás segura de la tuya), familias con sus niños (cuando no puedes quedar embarazada), viajes (cuando estás en tu trabajo aburrido), éxito laboral (cuando estás desempleado); en fin, la lista puede ser muy larga, y cada caso es diferente, pero seguramente, todos hemos sentido esa sensación alguna vez.

Todos estos mini impactos, repetitivos y constantes, van directo a tu mente y tus emociones, multiplícalos diariamente, por semanas, meses y años. Aumentan las crisis de ansiedad, pueden surgir sentimientos de inseguridad, experimentar enojo, paranoia, y ¿qué tal el FOMO (fear of missing out)? ¡El temor a perderse algo! Sin darte cuenta, estos impactos van incubando cuadros ansiosos o depresivos futuros, o vivificando los que ya existen. Las expectativas o ideales, están muy lejos de la realidad.

El impacto generado (que ya lo vivimos) por la televisión, las revistas, cine, etc. no tiene comparación con la cantidad y “calidad”de lo que recibe nuestro cerebro a través de las redes sociales. La cantidad es muchísimo mayor, con sólo deslizar nuestro dedo accedes a infinitas noticias e imágenes; la “calidad” es porque esta información no sólo trata de modelos, actrices, cantantes que vemos lejanas, hablamos de personas que conoces o que se mueven en tu círculo, el impacto emocional es muy diferente, es mucho más profundo… ¡Es personal!

Otra factor que tenemos que cuidar, es la distancia que creamos con las personas inmediatas a nosotros: nuestra pareja, nuestro núcleo familiar, compañeros de trabajo… A cuántas de nosotras nos ha pasado que nos están llamando nuestros hijos, y ni siquiera volteamos porque estamos en el teléfono, o tal vez contestamos “un momento” o “ya voy”, cuando por fin hacemos caso, nos perdimos su hazaña, o lo que querían compartirnos. En mi caso, esta fue la parte en la que me propuse poner mayor atención. Muchas mujeres somos también jefas de familia, yo me hago cargo de mis 3 hijos, 2 son adolescentes y la pequeña en edad preescolar. Como sabemos, nuestros hijos son universos aparte, cada uno con necesidades, fortalezas y retos diferentes; ellos también están expuestos a todo lo anterior, de hecho, en mayor medida porque son millenials o generación ¡todo es digital! Así que tenemos que estar muy atentos de qué y cómo se sienten, piensan y reaccionan… y cada minuto cuenta.

leer a tus hijos

No podemos estar encima de ellos (ni nos dejan), pero sí podemos estar accesibles o propiciar una comunicación asertiva. Siempre he tratado de tener una buena comunicación con mis hijos, pero seamos sinceros, conforme van creciendo ya no quieren hablar, con trabajo contestan usando más de dos palabras. En estos meses que me he desconectado pude sorprenderme con otras características de mis hijos, muchas de ellas sin que hubiera una comunicación directa, sólo observándolos, porque estamos tan ocupados, que aún cuando podemos tener tiempo libre, aprovechamos esos momentos para mirar el teléfono y nos perdemos de los detalles más importantes de la vida. También, aproveché este tiempo para salir más con ellos, ver más pelis o series juntos, y sin teléfonos en nuestras manos. Pero lo que más agradezco, fue que pude estar accesible para tener conversaciones significativas con ellos, compartieron situaciones, pensamientos y proyectos muy interesantes, sentimientos profundos.

social media detoxTal vez, al no estar pegadas al teléfono o computadora todo el tiempo que estamos en casa, sientan más confianza para acercarse, en lugar de la percepción que puedan tener de “no molestar”. Es algo que se percibe, lo piensan, puede ser más importante o interesarte más lo que está frente a tu pantalla, que quien tienes enfrente o a un lado. Qué me dicen de esos momentos cuando están físicamente junto a su pareja, pero realmente no conversan, se dan mutuamente “el avión” y continúan texteando o viendo otras cosas.

Todo este continuo, de interrupciones y distracciones, consume muchísimo tiempo y energía, los cuales no se utilizan en terminar otros proyectos personales, familiares o de trabajo.

Para hacer este detox, no es necesario irse de retiro a otro lugar (claro que si se atraviesa… qué bien), entrar a una clínica de desintoxicación digital (que las hay), o esconder nuestros aparatos bajo llave. Lo importante es buscar el equilibrio en nuestro día a día, utilizar nuestros dispositivos de forma más responsable, el tiempo en línea más consciente y detenernos a observar con atención nuestros pensamientos, emociones y prioridades.

digital detox - baja estrés y ansiedad

 

4 PASOS PARA UN DIGITAL DETOX

Y  REBOOT  PERSONALIZADO

  • Ubica tus puntos débiles.

Ya sean redes sociales, plataformas de streaming, o cualquier aplicación o página que ocupen más tiempo del que deberían: puede ser Whatsapp, Facebook, Twitter, Instagram, Snapchat, YouTube, Netflix, etc.

  • Desactiva las notificaciones.

No hace falta desinstalarlas, aunque puedes hacerlo cuando te sientas lista (se siente genial). Podemos conservar nuestras apps consentidas, pero las vibraciones y sonidos de las notificaciones hacen que des saltos (literalmente) de alegría, gusto, inquietud, o lo que sientas, la situación es que no pasan desapercibidas, “tienes que checarlas”. Así que, si quieres reducir o gestionar responsablemente la cantidad de tiempo que pasas en ellas, establece un horario para checar alguna o todas. En vez de estar revisando cada 5 minutos tu whats, face o lo que sea que te jale la atención, entra cada 2 horas, o el tiempo que dure tu comida, o tu tiempo de estar con tus hijos, lo de tu cita romántica, la reunión de trabajo, la peli que vayas a ver, etc., y que ese tiempo lo experimentes y vivas plenamente. Cuando te vayas dando cuenta que no se acaba el mundo por no ver, dar like, actualizar o compartir cada segundo, por el contrario, te vas sintiendo más tranquila y contenta con cada una de tus experiencias, entonces podrás entrar 1 vez al día y disfrutar ese rato también, dejando el espacio para otras áreas de tu vida que requieren tu completa atención. El punto es que la aplicación no te domine, si no que tú la uses, cuando lo decidas.

  • Anota tus tareas importantes del día.

Ya sea que uses una agenda, diario, el calendario del refri o la cocina, notitas o, está bien, el calendario de tu teléfono; lo que tú quieras, pero que tengas presente tus tareas importantes, las urgentes, citas, llamadas, momentos románticos, cafecito social, irte de parranda con tus amigas, o lo que sean tus prioridades o gustos que establezcas para cada día. Esto te ayudará a tener más claro tu día, estar más presente con tu familia, más efectiva en tus proyectos, más enfocada, equilibrada y feliz… O por lo menos, no tan ansiosa, estresada y neurótica 😉

  • Aparta tiempos para ti.

Este es el punto más importante. La idea de bajar las distracciones externas es que tengas tiempo para ti, para tu salud y bienestar, consentirte, leer tranquila, darte un baño rico, hacer ejercicio, bailar, ver una peli, lo que tú quieras; siempre y cuando dediques también unos minutos diarios a tu meditación, a observar tus pensamientos, emociones, objetivos, nuevos proyectos y, a tener momentos de silencio, simplemente estar presente y dar gracias.

Si tienes momentos para reconectarte contigo, tu conexión y experiencia con el mundo cambiará radicalmente.

Al encontrar cada vez más espacios donde te sientas plena, notarás como tu sistema nervioso se regularizará, tu sistema inmune se fortalecerá, tu estrés – depresión – ansiedad disminuirá, descansarás mucho mejor, te encontrarás más productiva, contenta, agradecida, tus relaciones con tu familia, pareja y amigos se enriquecerán y, en general, te sentirás más feliz.

Recuerda que así como existen la tristeza, angustia, enojo, celos y otros muchos estados conflictivos para nuestra mente, también se encuentran la calma, certeza, paz interior y felicidad entre los estados mentales positivos; todos ellos están dentro de nuestro espectro emocional, todos tienen su función, y son importantes, pero sobre todo, recordar que todos son transitorios, impermanentes, fugaces ¡por eso se llaman estados!

Así que a conocerlos, aceptarlos y manejarlos, no engancharnos con detalles superficiales o materialistas, concentrémonos en lo importante, así encontraremos nuestra vida mucho más completa y significativa.

¡FELIZ DETOX A TODAS!

 

Digital detox

ALEGRÍA

Alegría - contra el estrés, ansiedad y depresión

Continuación de nuestro ciclo de reflexión: “16 Actitudes para una vida con sentido”, Alison Murdoch y Dekyi-Lee Oldershaw.

4. ALEGRÍA.

La alegría nos abre el corazón.

La alegría es esa sensación maravillosa que experimentamos cuando sucede algo bueno, las preocupaciones  se desvanecen, la frustración se disipa y la ira desaparece. Sentir alegría es tan positivo que es curioso que a menudo lo pasemos por alto dejándonos arrastrar por los aspectos negativos de la vida diaria. A veces las malas noticias tienen más peso que las buenas o tendemos a fijarnos en lo que está mal de la casa, trabajo, hijos, pareja… en lugar de advertir lo que está bien.

La alegría puede cambiar nuestra vida y nuestra forma de pensar. Es un bálsamo que alivia el dolor que causan la envidia y la tristeza. Nos aproxima a las personas que amamos y suaviza las diferencias que tenemos con aquellos que están más alejados de nosotros.

Cuando reímos, compartimos nuestras alegrías con los demás y podemos abrir el corazón, afianzamos nuestras relaciones y nos desenvolvemos mejor en la vida. Todos deseamos tener amigos que se alegren de nuestros logros y que nos aporten energía positiva cuando estamos en dificultades.

A veces pareciera que entre mejor están las cosas, más buscamos de qué quejarnos… nunca es suficiente. Sólo cuando se ha pasado por grandes crisis o adversidades, se celebra la vida intensamente, pues se es capaz de disfrutar de los “pequeños” placeres de la vida. No debiera ser así.

Nadie es inmune a la presión de la competitividad o al veneno de la envidia, a sentir ansiedad o estar al tope con los niveles de estrés. Las comparaciones con los demás nos vienen a la mente sin que las llamemos, y aunque lo que pensemos sea falso e ilógico, nos lleva a sentirnos frustrados, irritables, ansiosos o deprimidos. En lugar de obsesionarnos con lo que creemos que nos falta, intentemos sentir alegría por esos logros y huyamos de las comparaciones.

Todos podemos decidir cómo alimentar nuestra mente y nuestro corazón. Si aprendemos a fijarnos más en los logros y aspectos positivos, que en los errores y aspectos negativos de nuestro entorno, sin duda podremos ser más felices y aportar más felicidad a los demás. Las personas que son conscientes de ello pueden ejercer una gran influencia.

Aunque es cierto que en el mundo suceden muchos acontecimientos que nos entristecen, también es cierto que todos los días surgen innumerables oportunidades para alegrarnos de las cosas positivas que suceden a nuestra alrededor.  Los niños pequeños lo hacen de manera natural, y para nosotros es fuente de gozo y satisfacción estar junto a ellos mientras exploran, corren a nuestro alrededor y ríen. Deberíamos recuperar esa habilidad básica.

Las posibilidades son infinitas, porque siempre habrá motivos para alegrarnos por algo.

Sólo es cuestión de ampliar nuestra visión.

ALÉGRATE

Leer 1. Humildad